Ingis



Ignis vagaba por un mundo desolado, en busca de llamas de fuego que le permitieran mantenerse fuerte y oscuro, a medida que consumía pequeñas llamas, una extraña atracción comenzó a surgir en su interior. Sentía una fascinación por el resplandor y el calor que emanaba las llamas.
Intrigado por este nuevo sentimiento Ignis decidió buscar respuestas y conocimiento en los rincones más ocultos de su mundo, pero no encontró ninguna pista sobre su misteriosa atracción por el fuego.
Una noche estrellada, mientras caminaba por un bosque, divisó una enorme llama ardiendo en el horizonte. Era la llama más intensa y radiante que había visto nunca. Se acercó sintiendo una mezcla de temor y admiración. Este la poseyó en su mano, sintió cómo su poderoso magnetismo lo atraía hacia ella.
Era como si la llama tuviera una voluntad propia y buscara fusionarse con el ser oscuro. Ignis se debatía en una encrucijada, sin saber qué decisión tomar.
En ese instante, una pequeña chispa de conciencia surgió en el interior de Ignis. Comprendió que su verdadera naturaleza no era consumir las llamas, sino apreciar su belleza y luminosidad.
Ignis se dio cuenta de que, en lugar de tratar de controlar las llamas, debía aprender a convivir en armonía con ellas y entendió que la belleza y el poder de las llamas de fuego no debían ser poseídos, sino compartidos y admirados por todos.
Desde entonces Ignis decidió convertirse en un protector de las llamas de fuego llevando así puesto unas alas de mariposa y en lugar de consumirlas, las resguardaba y cuidaba de su existencia convirtiéndose en un vigilante de luz y el calor. Y así, con su nueva misión, Ignis iluminó el mundo con su presencia, recordándole a todos la importancia de encontrar equilibrio y armonía en medio de la oscuridad.